Las industrias del tabaco han perfeccionado una estrategia peligrosa: presentar productos altamente adictivos como si fueran inofensivos, deseables y hasta “cool”.
Desde Esvidas, observamos con preocupación cómo vapers y dispositivos de tabaco calentado se están convirtiendo en la nueva puerta de entrada al consumo entre adolescentes. Para abordar esta realidad, conversamos con nuestro director y socio fundador, Guillermo Acevedo, sobre los mecanismos detrás de esta epidemia silenciosa y lo que necesitamos hacer, como sociedad, para frenarla.
Cómo captan a los más jóvenes
Las tabacaleras no solo venden nicotina: venden una imagen. El vapeo se presenta como algo aspiracional, moderno, que huele bien, no deja mal aliento y se transporta como si fuera un accesorio de moda. Los dispositivos se camuflan con diseños que parecen sacados de una tienda de tecnología y los sabores dulces o frutales reducen el rechazo natural que suele generar el primer contacto con el tabaco.
Guillermo Acevedo explica: “El primer contacto con la adicción viene disfrazado de algo que parece divertido, apetecible y cool. La trampa está en hacer que la nicotina se presente como algo inofensivo y hasta atractivo.”

En plataformas como TikTok o Instagram, estos mensajes se refuerzan mediante retos, trucos de humo e influencers que presentan el vapeo como una extensión de su identidad. Y la estrategia funciona. Muchos adolescentes consumen sin que padres, docentes o entorno lo noten.
¿Puerta de entrada al tabaco tradicional?
“Totalmente,” afirma Acevedo. “Hay una tendencia clara: muchos jóvenes que empiezan vapeando acaban fumando cigarrillos tradicionales. La nicotina engancha, y el cuerpo pide más. Lo que comenzó como una calada ‘por probar’ se convierte en una adicción profunda.” El salto al tabaco tradicional es menos brusco si ya hay tolerancia al sabor y efecto de la nicotina gracias al vapeo. “Las marcas lo saben y no están promoviendo salud, sino fidelizando clientes jóvenes para toda la vida. Es una trampa con purpurina.”
Porque no hay nada inocente en empezar “por curiosidad” o “por aburrimiento”. Lo vemos en historias como la de Manuel, paciente de Esvidas, que comenzó como muchos jóvenes: con una copa, un cigarro, un vaper. Lo que parecía un experimento sin consecuencias se transformó en consumo abusivo de cocaína. Tuvo que sobrevivir a una sobredosis para darse cuenta de que necesitaba ayuda. Hoy sigue en tratamiento y su testimonio es un recordatorio de lo fácil que es entrar… y lo difícil que es salir.
Diseño, sabor y marketing: ingredientes del éxito
“El diseño lo es todo,” dice Acevedo. “Los dispositivos son bonitos, ligeros, coloridos, parecen USBs o pintalabios. Los sabores como chicle, fresa o menta crean una falsa sensación de inocuidad, casi como un snack.”
Añade: “Cuando tienes 14 o 15 años, lo que ves en redes pesa más que cualquier charla en el colegio. Y si además huele bien, no deja rastro y se puede usar casi en cualquier lugar, es más fácil caer.”

¿Qué medidas necesitamos con urgencia?
Acevedo insiste en que la regulación actual no está funcionando: “No podemos seguir yendo por detrás de la industria. Necesitamos regulaciones valientes que actúen sobre lo que realmente facilita el acceso y la normalización del vapeo: el sabor, el diseño, la publicidad encubierta y la facilidad para conseguirlos.”
Propone:
- Eliminar los sabores frutales o dulces, que son la principal puerta de entrada.
- Prohibir toda promoción, incluidos influencers y colaboraciones.
- Limitar la accesibilidad, subiendo impuestos y restringiendo puntos de venta cerca de colegios.
- Educar con campañas claras y directas, sin eufemismos, usando los canales que consumen los adolescentes.
- “Incomodar su uso en espacios públicos, incluso añadiendo olores desagradables al vapor para detectar y reducir su uso oculto.
“No se trata de prohibir por prohibir, sino de proteger a los jóvenes. Romper el encanto y dificultar el acceso es clave para cortar la cadena desde el origen.”
Un problema urgente que sí tiene solución
Acevedo concluye: “El vapeo no es una moda pasajera. Es una estrategia diseñada para enganchar y normalizar una adicción. Desde Esvidas trabajamos cada día con personas que, incluso tras superar su adicción principal, siguen fumando, y muchas veces todo empezó con un vaper aparentemente inofensivo.”
“Proteger a la juventud es responsabilidad de todos. Necesitamos regulaciones valientes, información clara y un compromiso real con la salud pública. Sólo así podremos cortar esta cadena de adicción desde el origen.”
Queremos agradecer a Vozpópuli por traer este tema a la luz y por contar con la opinión de nuestros expertos para profundizar en una problemática que requiere atención urgente y acciones concretas.






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