Bebidas energéticas y adolescentes: ¿Pueden generar dependencia física?

Cada vez más adolescentes dependen de las bebidas energéticas para rendir. Descubre sus efectos y si pueden generar dependencia.
Escrito por: Inma Alabajos
09/04/2026

¿Reconoces esta imagen? Siete de la mañana. Estás de camino al colegio con tu hijo. Mientras tú dejas el café en el posavasos del coche, escuchas como él se abre una lata “para aguantar el día”.

¿O esta otra? Llega de entrenar, se sienta a estudiar y deja una bebida energética al lado del portátil. Entre examen, trabajos y redes, parece que esa lata se ha convertido en parte del paisaje.

Y ante estas situaciones te surge una duda que, conforme pasa el tiempo y ves más latas abrirse, va cobrando peso a la vez que te genera preocupación: “¿Es solo una moda o puede llegar a ser un problema?”.

Tal vez hayas buscado consuelo diciéndote: “Bueno, al menos no es alcohol ni tabaco”. Lo comprendes porque son productos que se venden en el súper, en la máquina del instituto y en la cafetería del barrio. Aparentemente inofensivos.

La realidad la revelan las estadísticas: Cerca del 40% de los estudiantes españoles de entre 14 y 18 años han tomado bebidas energéticas en el último mes. Pero ¿Qué esconden detrás?

Bebidas energéticas en adolescentes: ¿Qué hay detrás de una lata?

Si convives con adolescentes, ya sabes que estas latas no son solo una bebida. Representan pertenencia al grupo, ganas de “darlo todo” en el deporte, en los estudios o en la fiesta, y un mensaje muy potente: más energía, más rendimiento, más aguante.

Pero las bebidas energéticas son más que simples refrescos. Suelen contener altas dosis de cafeína y otros estimulantes como la taurina o el guaraná, además de azúcar u otros edulcorantes. Una lata puede equivaler a varios cafés, algo que pocas veces se tiene en cuenta cuando se normaliza su consumo en chicos y chicas de 13, 14 o 15 años.

En muchos casos, el consumo empieza así:

  • La probé un día antes de un examen
  • La toman todos en el equipo y yo también
  • Me ayuda a no dormirme en clase

Lo que se presenta como algo puntual puede ir encajando en su rutina casi sin que nadie se dé cuenta: una para estudiar, otra para entrenar, otra para resistir el cansancio después de acostarse tarde.

Detrás de cada lata hay un mensaje silencioso: “sin esto no llego”. Y ese mensaje, repetido, abre la puerta a que las bebidas energéticas se conviertan en una especie de apoyo artificial para sobrellevar la presión, la falta de sueño o la sensación de cansancio constante.

Este es el punto de partida. A partir de aquí, la pregunta clave es: “¿Qué le está pasando realmente a su cuerpo y a su día a día con estas bebidas?”

Prevalencia de consumo de bebidas energéticas en adolescentes

Efectos de las bebidas energéticas: la salud y el rendimiento escolar

Una vez sabemos qué hay detrás de una lata, toca mirar las consecuencias. Más allá de la imagen de producto “moderno” y “deportista”, las bebidas energéticas en adolescentes tienen efectos directos sobre el cuerpo y sobre cómo rinden en el instituto.

En el plano físico, un consumo frecuente de bebidas energéticas puede relacionarse con:

  • Taquicardia, palpitaciones o sensación de corazón acelerado.
  • Nerviosismo, temblores, sudoración.
  • Dolores de cabeza
  • Problemas digestivos.
  • Cansancio extremo al final del día, a pesar de haber tomado estimulantes.

Y, en el día a día escolar, se observa con frecuencia:

  • Menor capacidad de concentración.
  • Más errores por
  • Mayor
  • Caída del rendimiento académico.

Imagina a un adolescente que se acuesta tarde, se levanta agotado y tira de bebidas energéticas para llegar a todo. Lo que empieza como una “ayuda” superficial termina convirtiéndose en un factor que empeora justo aquello que se quería mejorar: la atención, las notas, la motivación.

¿Son las bebidas energéticas la solución o el problema?

Sueño, ansiedad y bebidas energéticas en la adolescencia

Muchos adolescentes se acuestan a altas horas de la noche, tras pasar horas con el móvil, por lo que a la mañana siguiente están agotados y recurren a las bebidas energéticas para pasar la mañana. Pese a llegar exhaustos a casa, vuelven a trasnochar.

¿Por qué? La cafeína dificulta que el cuerpo baje de revoluciones y favorece el sueño corto y superficial. Con el tiempo, esto se traduce en:

  • Cansancio
  • Menor tolerancia a la frustración.
  • Más irritabilidad y cambios de humor.
  • Incremento de la

En algunos adolescentes, la suma de malas noches, presión académica y bebidas energéticas puede desencadenar lo que ellos describen como “ataques de nervios”: taquicardia intensa, sensación de ahogo, mareo, miedo a perder el control.

Mezclar bebidas energéticas con alcohol: Cóctel de riesgo para los adolescentes

Cuando a todo lo anterior se le suma el alcohol, el escenario se complica todavía más. Tal vez lo hayas oído alguna vez en casa o en tu entorno: “Tomamos alcohol con bebida energética porque así aguanto más” o “Se nota menos el colocón”

En la adolescencia, mezclar bebidas energéticas con alcohol se ha vuelto habitual en muchos contextos de fiesta. Esta combinación es especialmente peligrosa por una razón muy concreta: la cafeína de las bebidas energéticas enmascara la sensación de borrachera.

Esto significa que el adolescente:

  • Se siente más despejado de lo que está en realidad.
  • Cree que controla mejor de lo que controla.
  • Tiende a beber más alcohol y durante más tiempo.

Y ante esta falsa sensación de seguridad, las consecuencias pueden ser:

  • Más riesgo de intoxicaciones etílicas.
  • Mayor probabilidad de accidentes (de tráfico, caídas, conductas impulsivas).
  • Peleas, decisiones arriesgadas, relaciones sexuales sin protección.
  • Puerta de entrada a otras sustancias recreativas, como cannabis u otras drogas estimulantes.

En muchos casos, cuando una familia descubre esta mezcla, la reacción inicial es de sorpresa: “Pensaba que solo tomaba bebidas energéticas” o “No imaginaba que las combinara con alcohol”.

Pero, tras poner los riesgos sobre la mesa, se entiende mejor por qué este paso extra (añadir alcohol) no es un simple “exceso de una noche”, sino un claro salto en términos de conductas de riesgo.

Dependencia: ¿Cuándo las bebidas energéticas dejan de ser “algo puntual?

 

Hasta aquí podrías pensar: “Vale, son estimulantes, normal que alteren un poco el cuerpo”. La pregunta que suele inquietar más es otra: “¿Puede haber dependencia física a las bebidas energéticas?”

Ciertamente, existe posibilidad de desarrollar adicción a las bebidas energéticas, pues contienen cafeína. Aunque tenga menos poder adictivo que otras sustancias, consumir cafeína en altas dosis, como las que están presentes en las bebidas energéticas, hace que el cuerpo se acabe acostumbrando a ella.

Esto se explica a través de dos fenómenos:

  • Tolerancia. Cada vez necesita más cantidad para notar el mismo efecto.
  • Síntomas de abstinencia. Cuando se intenta reducir o dejar el consumo aparecen dolores de cabeza, gran cansancio, mal humor, irritabilidad o dificultad para concentrarse.

Tal vez lo hayas visto así: “Si no tomo la lata, no rindo” o “Hoy no me la he tomado y estoy fatal”.

Ahí ya no estamos ante una simple costumbre, sino ante una señal de dependencia física. El adolescente siente que su energía, su atención e incluso su estado de ánimo dependen de la bebida energética.

Esta es una de las grandes paradojas de las bebidas energéticas en adolescentes: se usan para mejorar el rendimiento y el bienestar inmediato, pero a medio plazo pueden mantenerles atrapados en un círculo de cansancio, nerviosismo y baja concentración.

 

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo una bebida energética que una bebida isotónica o “para deportistas”?

Las bebidas energéticas llevan altas dosis de cafeína y otros estimulantes pensados para aumentar el estado de alerta, mientras que las bebidas isotónicas o “deportivas” se centran en reponer agua, sales minerales y, a veces, algo de azúcar tras un esfuerzo intenso.

¿A partir de qué edad es “seguro” que un adolescente tome bebidas energéticas?

No existe una edad a partir de la cual las bebidas energéticas sean realmente seguras, sobre todo porque la cantidad de cafeína que aportan suele superar las recomendaciones para población joven; en general, los organismos de salud desaconsejan su consumo en niños y adolescentes.

¿Es mejor dejar las bebidas energéticas de golpe o reducirlas poco a poco?

Depende de la frecuencia y la cantidad, pero en muchos adolescentes resulta más llevadero reducirlas de forma gradual. Si el consumo es muy alto o hay otras sustancias implicadas, lo más recomendable es hacerlo con supervisión profesional.

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