La información que necesitas en Esvidas
- Del bullying a la baja autoestima: el origen del malestar de Enrique
- Alcohol y adicción: beber para escapar del malestar emocional
- Pérdida de control en la adicción: cuando el consumo afecta a toda la vida
- Dependencia emocional y adicción: cuando la pareja se convierte en un refugio
- Recaída en las adicciones: “Me creí que ya estaba bien”
- Tratamiento de adicciones en Cádiz: empezar la recuperación desde el número uno
Durante años, Enrique creyó que su principal problema eran las sustancias. Había comenzado a beber durante la adolescencia, más tarde aparecieron otros consumos y, con el paso del tiempo, llegaron las mentiras, las deudas, los conflictos familiares y diferentes intentos de tratamiento.
Sin embargo, al mirar hacia atrás, ha empezado a comprender que su enfermedad no se manifestaba únicamente cuando consumía; también estaba presente en su miedo a quedarse solo, en la necesidad de agradar, en los celos, en la dependencia de sus parejas y en la presión constante por demostrar que era suficiente.
“Yo siempre he recaído por el tema de la pareja. No me he querido nunca y tengo una autoestima muy baja”, reconoce.
Actualmente, Enrique se encuentra en tratamiento en Esvidas La Cartuja, centro de desintoxicación en Cádiz. Esta vez quiere afrontar su recuperación desde un lugar diferente: no para tranquilizar a su familia, recuperar una relación o demostrar que puede hacerlo bien, sino para empezar a cuidarse a sí mismo.
Del bullying a la baja autoestima: el origen del malestar de Enrique
Enrique sitúa una parte importante de su historia mucho antes de comenzar a consumir.
Aproximadamente desde los diez años sufrió diferentes situaciones de bullying, tanto verbal como físico. Durante aquella etapa empezó a sentir miedo, inseguridad y una fuerte sensación de inferioridad respecto a los demás.
Para protegerse, buscó la compañía de personas mayores y comenzó a construir una personalidad con la que intentaba parecer más fuerte.
“Era una forma de crearme un personaje y juntarme con personas mayores para que no me hicieran nada”, explica.
Con los años se transformó en una necesidad constante de ser aceptado, caer bien, evitar el conflicto y conseguir que las personas de su entorno estuvieran contentas con él.
Enrique reconoce que muchas de sus decisiones han estado condicionadas por esa búsqueda de aprobación. Se esforzaba por cuidar a quienes estaban fuera de casa, pero descargaba su frustración con las personas más cercanas. “Siempre me he portado bien con la gente de fuera y con mi familia no”, admite.
Alcohol y adicción: beber para escapar del malestar emocional
A los 16 años empezó a beber alcohol con sus amigos durante los fines de semana. En apariencia, su comportamiento no era diferente al de otros adolescentes que participaban en botellones y asociaban el consumo con la diversión. Enrique, sin embargo, vivía esas situaciones de otra manera.
Aunque afirmaba que bebía para pasarlo bien, hoy comprende que utilizaba el alcohol para escapar de emociones que todavía no sabía reconocer. Bebía con rapidez, perdía el control antes que sus amigos y llevaba cada experiencia al extremo.
“Yo realmente lo hacía para evadirme. Mis amigos no entendían por qué bebía tan rápido”, recuerda.
El alcohol se convirtió en una forma de silenciar temporalmente la frustración, la inseguridad y el malestar acumulado. No solucionaba lo que le sucedía, pero durante unas horas le permitía no sentirlo.
“La sustancia me arrancaba la frustración”, resume.
El propio Enrique explica que, durante un periodo de su vida, el consumo llegó a parecerle una forma de soportar el sufrimiento. El problema apareció cuando aquello que inicialmente utilizaba para escapar comenzó a destruir las diferentes áreas de su vida.
Pérdida de control en la adicción: cuando el consumo afecta a toda la vida
Con el paso de los años, la pérdida de control dejó de estar relacionada exclusivamente con el alcohol o con otras sustancias.
Enrique empezó a identificar el mismo patrón en la comida, el dinero, las relaciones, los horarios y la forma de tomar decisiones. Cuando quería algo, sentía que tenía que conseguirlo inmediatamente. Después podía perder el interés, pero durante ese momento toda su atención quedaba atrapada en ese deseo.
Su consumo fue aumentando progresivamente. Aunque tenía un buen sueldo, el dinero desaparecía. Llegó a solicitar préstamos y avales para poder continuar con un estilo de vida que ya no era capaz de sostener.
Las mentiras también comenzaron a ocupar un lugar habitual. Enrique inventaba excusas para justificar dónde estaba, ocultaba el consumo y modificaba su comportamiento para que su madre no pudiera detectar lo que sucedía.
En ocasiones bebía o consumía dentro de casa porque consideraba que así evitaba ser visto por la policía o por otras personas. Podía aparentar normalidad delante de su familia, aunque su situación se estuviera deteriorando.
Esa capacidad para ocultar determinadas consecuencias alimentaba la idea de que todavía mantenía el control. Sin embargo, su familia ya observaba cambios en su carácter, sus responsabilidades y su forma de relacionarse.
Dependencia emocional y adicción: cuando la pareja se convierte en un refugio
Uno de los aprendizajes más importantes que Enrique está realizando durante su tratamiento es que dejar una sustancia no significa necesariamente haber cambiado todos los comportamientos relacionados con la adicción.
Durante varios años mantuvo una relación de pareja mientras consumía de forma esporádica. En ese momento pensaba que la situación estaba controlada porque ya no utilizaba determinadas sustancias con la misma intensidad. Más adelante comprendió que su dependencia se había trasladado a la relación.
“Mi vida giraba alrededor de su felicidad”, explica.
La relación acabó marcada por los celos, el control y una enorme dificultad para separarse. Enrique reconoce que llegó a mantener una relación que ya no deseaba porque no se sentía capaz de afrontar la soledad.
“Yo no quería continuar con ella, pero no podía dejarla. Hice todo lo posible para que fuera ella quien me dejara”, recuerda.
Cuando la relación terminó, volvió a desear recuperarla, aunque anteriormente hubiera querido salir de ella. Esa contradicción le ha permitido comprender hasta qué punto necesitaba agarrarse a alguien para no enfrentarse a su propio vacío.
Recaída en las adicciones: “Me creí que ya estaba bien”
Antes de ingresar en Esvidas La Cartuja, Enrique había realizado otro proceso terapéutico. Durante aproximadamente tres años siguió un tratamiento ambulatorio y consiguió avances importantes.
Después de dos décadas sin estudiar, superó una prueba de acceso a un grado superior. También completó una formación como terapeuta, realizó prácticas y consiguió estabilidad laboral. Desde fuera, parecía que su vida había cambiado completamente.
El problema fue que Enrique comenzó a interpretar esos logros como una señal de que ya no necesitaba continuar priorizando su recuperación.
“Me creí que estaba bien”, reconoce.
Trabajar en un centro y mantener contacto con profesionales no sustituía el espacio que necesitaba dedicar a su propio proceso. Poco a poco empezó a abandonar rutinas, ampliar horarios y exponerse a situaciones que anteriormente evitaba.
- Primero aparecieron las pequeñas justificaciones.
- Después llegaron las mentiras sobre dónde dormía o con quién se encontraba.
- Más adelante volvió a beber y terminó retomando otros consumos.
Antes de volver a consumir, ya se había iniciado un deterioro conductual: había dejado de cuidarse, había perdido límites y había comenzado a ocultar nuevamente aspectos de su vida.
Tratamiento de adicciones en Cádiz: empezar la recuperación desde el número uno
Enrique explica la diferencia entre su proceso anterior y el actual utilizando una imagen sencilla.
“En el otro tratamiento empecé por el número tres. En este estoy empezando por el número uno”.
Con esta frase reconoce que anteriormente quiso recuperarse evitando algunas de las fases que le recomendaban los profesionales. Realizó tratamiento ambulatorio y consiguió importantes avances, pero no completó un proceso residencial seguido de las siguientes etapas terapéuticas.
Esta vez ha aceptado comenzar con un ingreso en Esvidas La Cartuja y continuar posteriormente con los recursos que necesite.
No todas las personas requieren el mismo tipo de intervención ni todas cuentan con las mismas circunstancias económicas, familiares o personales. En su caso, Enrique considera que ahora tiene la oportunidad de detenerse y dedicar un periodo prolongado exclusivamente a su recuperación.
Por primera vez dispone de un espacio en el que no tiene que preocuparse inmediatamente por encontrar trabajo, cumplir con las expectativas de una pareja o demostrar a los demás que está bien.
“Sé que estoy donde tengo que estar”, afirma.
Durante años buscó en el alcohol, las sustancias y las relaciones una forma de escapar del sentimiento de no ser suficiente. Ahora intenta recorrer el camino contrario: permanecer, conocerse y empezar a tratarse con el cuidado que siempre buscó en los demás.
La historia de Enrique recuerda que pedir ayuda no significa haber fracasado. En ocasiones, es el primer paso para dejar de vivir alrededor del miedo, del consumo o de otras personas y empezar, por fin, a construir una vida propia.
Si tú o alguien de tu familia está atravesando una situación relacionada con el consumo de sustancias, la pérdida de control o las recaídas, buscar orientación profesional puede ayudaros a comprender qué está ocurriendo y cuáles son los siguientes pasos.






0 comentarios