“En mi primera recuperación paré; en la segunda hablé de verdad”: el testimonio de Juan Miguel sobre la adicción a la cocaína

Juan Miguel cuenta cómo recayó tras dejar la cocaína y por qué su segunda recuperación comenzó cuando habló de lo que mantenía oculto.
Escrito por: Inma Alabajos
27/10/2026

Puede que hayas conseguido dejar de consumir durante un tiempo y, aun así, continúes sintiendo que algo dentro de ti no está bien. Desde fuera parece que has recuperado tu vida: vuelves a tener horarios, retomas responsabilidades y tu familia comienza a confiar. Sin embargo, sigues evitando determinadas conversaciones, ocultando emociones o buscando en una relación, en el trabajo, en el deporte o en cualquier otra cosa una forma de no quedarte a solas contigo.

La experiencia de Juan Miguel demuestra que una recaída en la adicción puede empezar mucho antes de volver a consumir.

Juan Miguel es adicto en recuperación y director terapéutico de Esvidas Antequera. En una entrevista publicada en el canal de YouTube de Esvidas relata sus 23 años de sufrimiento, su adicción a la cocaína, su primer tratamiento y la recaída que transformó su forma de entender la recuperación.

“En mi primera recuperación paré; en la segunda hablé de verdad”, resume.

Su historia no pretende presentar la recuperación como un camino perfecto. Habla de pedir ayuda, dejar de consumir, volver a sentirse seguro, alejarse del tratamiento y descubrir que aquello que no había trabajado seguía presente bajo la abstinencia.

Adicción a la cocaína: cuando consumir se convierte en una forma de escapar

Juan Miguel recuerda una infancia en la que, pese a sentirse querido por sus padres, buscaba constantemente la aprobación y el afecto fuera de sí mismo. Se describe como un niño inquieto, con una sensación difícil de explicar: la percepción de que algo le ocurría, aunque todavía no supiera ponerle nombre.

Con el tiempo encontró diferentes formas de escapar de ese malestar. Primero fueron el deporte, las relaciones y la necesidad de estar rodeado de personas. Después apareció el consumo de cocaína.

Juanmi explica que no le gustaba estar solo consigo mismo. Necesitaba movimiento, compañía, dinero o reconocimiento para no escuchar el ruido mental que llevaba dentro. Durante un tiempo interpretó esa vida como una señal de éxito. Tener personas alrededor y proyectar una imagen de seguridad le hacía sentirse “el guay”, aunque detrás existiera una profunda sensación de soledad.

Esta parte de su historia ayuda a comprender que una adicción a la cocaína no siempre se sostiene únicamente por los efectos de la sustancia. En ocasiones, el consumo funciona como una forma de evitar emociones, recuerdos, inseguridades o situaciones que la persona no sabe cómo afrontar.

El adicto no consume solo de sustancias

“Quería ser padre, pero no podía”: cuando la familia ve antes el deterioro

La adicción fue ocupando cada vez más espacio en la vida de Juan Miguel. El consumo afectó a sus padres, a sus relaciones y también a la manera en la que podía estar presente para su hija.

Uno de los momentos que más recuerda ocurrió durante el cumpleaños de la niña. Juanmi quería ejercer como padre, pero reconoce que la adicción ya estaba decidiendo por él.

“Quería ser padre, pero no podía. Estaba tan gobernado por la adicción que me daba igual que fuera su cumpleaños”.

Su familia había detectado el deterioro mucho antes de que él pidiera ayuda. Esta situación es habitual en los procesos adictivos: quienes conviven con la persona observan los cambios de comportamiento, las ausencias, las mentiras o el desgaste físico y emocional, mientras ella continúa buscando explicaciones para mantener el consumo.

En España, la cocaína fue en 2023 la droga ilegal por la que más personas iniciaron un tratamiento, con el 50 % del total registrado entre las drogas ilegales. En Andalucía, también se encuentra entre las principales sustancias por las que se solicita atención.

Detrás de esas cifras existen historias familiares como la de Juan Miguel: años de preocupación, intentos de ayudar y conversaciones aplazadas hasta que la situación se vuelve insostenible.

Pedir ayuda para dejar la cocaína: “Fue una de las mejores decisiones de mi vida”

Después de años de consumo y sufrimiento, Juanmi reunió a su familia y reconoció que tenía un problema. Para él, pedir ayuda no significó aceptar un castigo, sino dejar de luchar solo contra algo que ya no podía controlar.

“Fue una de las mejores decisiones de mi vida: dar el paso, decir que tenía un problema y que necesitaba ayuda”.

Antes de entrar en tratamiento, su cuerpo y su mente estaban profundamente deteriorados. Había perdido peso, relaciones, estabilidad y la capacidad de descansar del ruido que mantenía constantemente en su cabeza.

Por eso, su recuerdo del primer ingreso no es el de una condena:

“Para mí no fue un castigo, fue algo que me alivió”.

El tratamiento le permitió detener el consumo de cocaína, recuperar rutinas y comenzar a ordenar las distintas áreas de su vida. Necesitó tiempo para que su cuerpo, sus emociones y su forma de comportarse se adaptaran a una realidad diferente.

“Tras todos esos años de sufrimiento, con el tratamiento descansé”, recuerda.

Aquel primer proceso fue necesario y cambió su vida. Sin embargo, con el tiempo comprendió que había dejado de consumir sin hablar de algunas de las experiencias y dependencias emocionales que continuaban condicionándolo.

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Dejar de consumir cocaína no siempre significa haber trabajado la adicción

Juan Miguel había conseguido parar, pero todavía buscaba apoyos externos para sostenerse. En su caso, una relación de pareja ocupó el lugar que antes habían tenido otras formas de evasión.

“Me aferré a una pareja. Era la droga de mi vida”.

Durante el tratamiento no había hablado abiertamente de su dependencia emocional ni de una experiencia traumática de su infancia que había mantenido en silencio durante años. Evitó esos asuntos porque le producían dolor y vergüenza, y porque una parte de él seguía creyendo que podía manejarlos solo.

La abstinencia había frenado la parte visible de la adicción, pero no había hecho desaparecer automáticamente aquello que estaba debajo.

Esta es una de las principales enseñanzas de su testimonio: dejar la cocaína es fundamental, pero la recuperación también puede exigir revisar emociones, relaciones, comportamientos y formas de afrontar el malestar.

No significa que todas las personas consuman por la misma causa ni que siempre exista un trauma detrás de una adicción. Significa que cada tratamiento necesita explorar qué función cumple el consumo en la historia concreta de la persona.

¿Cuándo empieza una recaída en la adicción? La opinión propia de un adicto

Juan Miguel sitúa el comienzo de su recaída antes del primer consumo. No comenzó el día en el que volvió a utilizar una sustancia, sino cuando fue alejándose de todo lo que sostenía su recuperación.

“La recaída vino desde que me separé del grupo de terapia y del vínculo que tenía con mi recuperación”.

Dejó de hablar, abandonó el proceso y volvió a pensar que podía continuar por su cuenta.

La recaída en una adicción puede ir precedida de cambios que parecen pequeños o que la persona justifica como normales:

  • Alejarse del grupo o de las personas de apoyo.
  • Dejar de acudir a terapia.
  • Ocultar emociones, problemas o pensamientos.
  • Volver a creer que ya no se necesita ayuda.
  • Sustituir el consumo por relaciones o conductas dependientes.
  • Recuperar hábitos y entornos relacionados con la etapa de consumo.
  • Dejar de prestar atención a las señales de malestar.
  • Aislarse o rechazar las preocupaciones de la familia.

Estas señales no significan necesariamente que la persona vaya a consumir, pero pueden indicar que se está debilitando la estructura que protegía su recuperación. En el caso de Juanmi, el autoengaño fue avanzando hasta que volvió a consumir después de varios años.

“Tenemos una enfermedad del autoengaño”

Recaer después de años sin consumir: “Toqué un pozo que creía que nunca iba a tocar”

La recaída de Juan Miguel duró ocho meses y fue especialmente destructiva. El consumo se volvió diario, aumentó el aislamiento y aparecieron graves consecuencias físicas y emocionales.

La dureza de las recaídas en la adicción

La vergüenza dificultaba volver a pedir ayuda. Había realizado un tratamiento, conocía la recuperación y veía cómo otras personas continuaban avanzando. Regresar significaba reconocer que había vuelto a perder el control. Finalmente, acudió a su madre y le pidió que preparara la maleta. Necesitaba ponerse otra vez en manos de profesionales.

“Tuve que rendirme y aceptar que había perdido el control de mi vida otra vez”.

Esta vez no podía limitarse a dejar de consumir. Necesitaba hablar de aquello que había ocultado.

La segunda recuperación: hablar de verdad sobre lo que dolía

Juan Miguel describe su segundo proceso como una recuperación más profunda, emocional y honesta. Comenzó a buscar momentos de calma, escribir, meditar y trabajar las partes de sí mismo que antes había evitado “Ahí fue cuando hablé de verdad, de verdad, de verdad”.

Durante años había querido compartir determinadas experiencias, pero la vergüenza y la necesidad de aparentar seguridad se lo habían impedido. Cuando finalmente pudo mostrarse vulnerable, comprendió el peso que había tenido ese silencio.

“Todo lo que no había sanado me estaba reviviendo por dos”.

Por eso, hoy transmite a las personas que acompaña la importancia de no guardar aquello que puede estar desestabilizándolas. La honestidad en terapia no consiste en contar todo de inmediato ni en exponerse sin estar preparado. Consiste en construir un vínculo seguro desde el que poder trabajar, progresivamente, lo que sigue causando dolor.

Recuperarse de una adicción es más que mantenerse abstinente

Para Juan Miguel, la recuperación no consiste únicamente en contar cuánto tiempo lleva sin consumir. También implica revisar su comportamiento y aprender una forma diferente de relacionarse. En su primer proceso seguía intentando compensar la ausencia con compras o regalos. Hoy busca ofrecer a su hija y a sus padres algo diferente: atención, presencia y tiempo de calidad.

“Lo que se necesita en un proceso de recuperación es calidad, no cantidad”.

Recuperarse ha supuesto reconocer el daño causado, pedir perdón, reducir el orgullo y aceptar que no siempre puede controlar lo que sucede. También significa seguir trabajando cada día, incluso cuando la vida vuelve a presentar pérdidas, conflictos o momentos de estrés.

Actualmente, Juan Miguel acompaña a otras personas como director terapéutico de Esvidas Antequera. Trabajar en el lugar donde nació y donde vivió parte de su consumo tiene para él un significado especial.

“Lo que antes soñé, hoy lo logré”.

El mensaje de Juan Miguel para quien necesita pedir ayuda

Juan Miguel recomienda buscar a una persona de confianza y pedirle ayuda de forma directa: “Coged a la persona en la que más confiéis y decidle: ‘Llévame donde tengas que llevarme, pero quítame de aquí’”.

A las familias les pide que no miren hacia otro lado. Reconocer el problema no significa culpar, atacar o humillar a la persona. Significa buscar orientación profesional, establecer límites y dejar de actuar como si el deterioro fuera a desaparecer por sí solo.

En Esvidas sabemos que detrás del consumo existe una persona y una familia que llevan tiempo intentando comprender qué está ocurriendo.

Nuestro equipo puede escuchar tu situación, valorar tus necesidades y orientarte sobre las alternativas de tratamiento disponibles. No necesitas tener todas las respuestas ni saber qué tipo de ayuda necesitas antes de llamar.

El primer paso puede ser tan sencillo como reconocer: “He perdido el control y necesito que alguien me ayude a salir de aquí”.

Es hora de soltar lo que te frena y empezar a creer en ti…

En Esvidas, estamos aquí para ayudarte a dar el primer paso hacia una vida libre de adicciones. Sabemos que no es fácil, pero no tienes que hacerlo solo. Te ofrecemos un espacio donde te escuchamos, te entendemos y te apoyamos en cada momento.

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