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La imagen clásica de la adicción ha cambiado radicalmente en los últimos años. Ya no se limita al alcoholismo severo, la heroína o los perfiles marginales que durante décadas dominaron el imaginario colectivo. Hoy, una adicción puede comenzar frente a una pantalla, en una apuesta online, en el consumo compulsivo de pornografía o en el móvil de cualquier adolescente.
Los expertos en salud mental y adicciones advierten de que las nuevas dependencias digitales están creciendo silenciosamente en España, especialmente entre menores y jóvenes adultos. Según la última encuesta ESTUDES del Plan Nacional sobre Drogas, cerca del 20% de los adolescentes presenta un uso problemático de internet y redes sociales, mientras que el juego online y el consumo compulsivo de pornografía continúan aumentando a edades cada vez más tempranas.
La diferencia es que estas conductas suelen pasar desapercibidas. Están normalizadas, socialmente aceptadas e incluso integradas en la rutina diaria. Sin embargo, comparten mecanismos cerebrales muy similares a los de las adicciones tradicionales: dopamina, recompensa inmediata, pérdida de control y dependencia emocional.
“Hoy el placer está disponible las 24 horas del día y a un solo clic”, explica Óscar Romero, director terapéutico y experto en adicciones. “El problema aparece cuando el cerebro deja de buscar bienestar real y empieza a depender únicamente de estímulos rápidos e inmediatos para escapar del malestar”.
En este contexto, los especialistas insisten en una idea cada vez más repetida en consulta: cualquiera puede desarrollar una adicción cuando el dolor emocional encuentra algo que le alivie de forma inmediata.
¿Qué es realmente una adicción y por qué se considera una enfermedad?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la adicción como una enfermedad crónica que altera el funcionamiento cerebral y afecta directamente a los circuitos relacionados con la recompensa, la motivación, el placer y el control de impulsos.
Lejos de ser una cuestión de “falta de voluntad”, la adicción modifica la forma en la que la persona piensa, siente y actúa. Con el tiempo, la conducta adictiva deja de buscar placer y pasa a convertirse en una necesidad psicológica y emocional.
Los especialistas explican que la persona adicta no consume únicamente para sentirse bien. Muchas veces consume para no sentirse mal.
Ese es precisamente uno de los aspectos más difíciles de comprender desde fuera. La adicción suele comenzar funcionando como una falsa solución emocional. El alcohol ayuda a relacionarse. Las apuestas generan adrenalina. La pornografía sirve para escapar del estrés o la inseguridad. Las redes sociales alivian momentáneamente la soledad o la ansiedad.
Pero lo que inicialmente parece una vía de escape termina convirtiéndose en una dependencia cada vez más destructiva. “Al principio fue la panacea, lo mejor que había conocido. Pero terminó convirtiéndose en mi cárcel”, resume Romero al recordar sus primeros años de consumo.
Las raíces de la adicción: genética, trauma y entorno
Los expertos coinciden en que la adicción es una enfermedad multifactorial. No existe una única causa, sino una combinación de factores biológicos, psicológicos, emocionales y sociales.
Diversos estudios científicos señalan que la genética puede influir entre un 40% y un 60% en la vulnerabilidad a desarrollar una adicción. Sin embargo, la predisposición genética por sí sola no explica el problema. También intervienen factores como:
- inseguridad y baja autoestima,
- ansiedad o depresión,
- trauma y experiencias adversas,
- dificultades emocionales en la infancia,
- aislamiento social,
- falta de herramientas para gestionar el malestar,
- exposición temprana a conductas adictivas.
“La adicción no empieza en la sustancia”, explican desde Esvidas. “Empieza mucho antes, cuando una persona encuentra algo que le anestesia emocionalmente”.
En muchos casos, las drogas o las conductas compulsivas aparecen como una forma de regular emociones difíciles de gestionar. El problema es que el alivio es temporal, mientras la dependencia continúa creciendo.

La dopamina y el peligro de las nuevas adicciones digitales
Uno de los fenómenos que más preocupa actualmente a los especialistas es el impacto de las pantallas y los estímulos digitales sobre el cerebro. Cada notificación, cada “like”, cada vídeo corto o cada apuesta online activa circuitos relacionados con la dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la recompensa inmediata.
“Vivimos en una época en la que el cerebro recibe recompensas inmediatas de manera continua”, señala Romero. “Y eso cambia la forma en la que toleramos el aburrimiento, la frustración o incluso las relaciones personales”.
Las consecuencias empiezan a aparecer especialmente entre adolescentes y jóvenes:
- dificultad para concentrarse,
- ansiedad,
- irritabilidad,
- baja tolerancia al malestar,
- aislamiento,
- problemas de autoestima,
- dependencia emocional de redes sociales,
- alteraciones del sueño.
Los expertos alertan además de que el acceso precoz a determinados contenidos, especialmente pornografía, está distorsionando la forma en la que muchos jóvenes entienden la sexualidad y las relaciones afectivas.
La negación: el gran obstáculo para pedir ayuda
Uno de los síntomas más frecuentes en cualquier adicción es la negación. La persona suele minimizar el problema, justificarse constantemente o convencerse de que todavía tiene el control.
“Aunque en el fondo sabes que tienes un problema, siempre piensas que lo dejarás más adelante”, explica Romero. “Cuando cambie algo, cuando me encuentre mejor, cuando pase determinada situación”.
Ese autoengaño retrasa durante años la búsqueda de ayuda profesional.
Según explican desde Esvidas, muchas personas no buscan tratamiento hasta que las consecuencias emocionales, familiares, económicas o laborales se vuelven insostenibles.
La adicción avanza progresivamente mientras la percepción del riesgo disminuye. Por eso, los especialistas insisten en la importancia de detectar señales tempranas: pérdida de control, necesidad constante de consumir o repetir la conducta, irritabilidad cuando no se puede acceder, aislamiento, abandono de responsabilidades, deterioro emocional, mentiras o justificaciones continuas.
Cómo se supera una adicción: el papel del tratamiento integral
Por eso, los tratamientos actuales trabajan desde un enfoque multidisciplinar que incluye:
- psicología,
- psiquiatría,
- terapia grupal,
- acompañamiento emocional,
- intervención familiar,
- trabajo sobre trauma y autoestima.
En centros especializados como Esvidas, el objetivo es ayudar a la persona a recuperar estabilidad emocional y construir una vida funcional sin depender de sustancias o conductas compulsivas.
“La recuperación empieza cuando una persona deja de intentar escapar constantemente de sí misma”, resumen los profesionales.
Los especialistas coinciden en que la gran diferencia respecto a décadas anteriores es que las nuevas adicciones ya no responden a un perfil concreto. Pueden afectar a adolescentes, adultos, profesionales, estudiantes o personas aparentemente funcionales.
Porque la nueva adicción no siempre deja marcas visibles. A veces entra en silencio, a través de una pantalla, una apuesta, un vídeo o una necesidad constante de aliviar el malestar emocional.
Y precisamente por eso, advierten los expertos, cada vez resulta más difícil identificar el problema antes de que la dependencia ya forme parte de la vida cotidiana.








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