La información que necesitas en Esvidas
- ¿Qué significa no querer consumir, pero sentir que se necesita? La realidad del adicto
- ¿Por qué una persona adicta consume aunque sepa que le hace daño?
- ¿Las ganas de consumir significan que la persona no quiere recuperarse?
- ¿Qué puede hacer una persona cuando siente que necesita consumir?
- “Dice que quiere dejarlo, pero vuelve a consumir”: cómo puede entenderlo la familia
- Preguntas frecuentes sobre las ganas de consumir en el adicto
«No quiero volver a consumir, pero hay momentos en los que siento que lo necesito».
Esta frase puede parecer contradictoria para quien nunca ha vivido una adicción. También puede resultar difícil de entender para una familia que ha escuchado muchas veces promesas como «esta ha sido la última vez», «puedo controlarlo» o «mañana lo dejo».
Si la persona sabe que el alcohol, la cocaína, el cannabis, los fármacos, el juego o cualquier otra conducta están destruyendo su vida, ¿por qué vuelve a hacerlo? ¿Realmente quiere dejar de consumir? ¿Está mintiendo cuando dice que no quiere continuar? ¿Le falta fuerza de voluntad?
En esta nueva entrevista de Esvidas, el doctor Antonio Peña, médico especializado en el tratamiento de adicciones, explica una diferencia fundamental para comprender esta enfermedad: una persona puede no querer consumir y, al mismo tiempo, sentir una necesidad intensa de hacerlo.
Entender esta contradicción no justifica las mentiras, los conflictos o el daño provocado por el consumo. Sin embargo, ayuda a comprender qué está sucediendo y por qué prometer que no se volverá a consumir no siempre es suficiente para conseguirlo.
¿Qué significa no querer consumir, pero sentir que se necesita? La realidad del adicto
Querer consumir y necesitar consumir no son exactamente lo mismo.
Querer consumir implica que la persona busca conscientemente los efectos de una sustancia o de una conducta. Puede querer beber para divertirse, consumir cocaína para sentirse más activa, fumar cannabis para desconectar o apostar porque espera ganar dinero.
Sin embargo, a medida que la adicción avanza, el consumo deja de estar relacionado únicamente con el placer. La persona puede empezar a recurrir a él para aliviar el malestar, calmar la ansiedad, evitar pensamientos, poder dormir, sentirse capaz de afrontar una situación o escapar temporalmente de sus problemas.
En ese momento aparece una experiencia diferente: la persona ya no siente simplemente que quiere consumir, cree que necesita hacerlo para poder encontrarse bien o dejar de encontrarse mal. El doctor Antonio Peña lo resume así:
«Lo que ocurre muchas veces es que los adictos confunden el querer consumir con el necesitar consumir».
Una persona puede saber que consumir le está haciendo daño. Puede sentir vergüenza por lo sucedido, estar cansada de mentir y desear recuperar su vida. Aun así, cuando aparece una emoción, una situación o un pensamiento que antes resolvía mediante el consumo, su respuesta automática vuelve a ser la misma.
No siempre consume porque quiera seguir viviendo de esa manera. En muchas ocasiones consume porque todavía no sabe cómo vivir de otra.
¿Por qué una persona adicta consume aunque sepa que le hace daño?
Una de las preguntas más habituales entre las familias es: «Si sabe todo lo que puede perder, ¿por qué vuelve a consumir?».
La respuesta no se encuentra únicamente en las consecuencias. Una persona puede conocer perfectamente el daño que está provocando y, aun así, sentirse incapaz de detenerse.
- Puede saber que el alcohol está afectando a su salud y volver a beber.
- Puede haber perdido dinero con el juego y regresar a apostar.
- Puede recordar los problemas familiares provocados por la cocaína y volver a buscarla.
- Puede sentirse peor después de fumar cannabis, pero continuar haciéndolo cada noche.
El problema es que, en la adicción, el consumo o la conducta se convierten progresivamente en una respuesta aprendida frente a situaciones muy diferentes:
- Si siento ansiedad, consumo.
- Si estoy triste, consumo.
- Si tengo que relacionarme con otras personas, consumo.
- Si me siento solo, consumo.
- Si tengo dinero, consumo.
- Si discuto con mi familia, consumo.
- Si estoy contento y quiero celebrarlo, consumo.
- Si siento vergüenza por haber consumido, vuelvo a consumir para no pensar.
La sustancia o la conducta terminan ocupando funciones que antes podían resolverse de otras maneras. Ya no se busca exclusivamente sentir placer. También se busca dejar de sentir, soportar una situación o escapar de ella.
Por eso, dejar una adicción no consiste solamente en retirar el alcohol, las drogas o la conducta problemática. También requiere descubrir qué función cumplía el consumo y aprender otras formas de responder.
Ejemplos de querer y necesitar consumir en distintas adicciones
La sensación de necesidad puede aparecer tanto en las adicciones a sustancias como en las adicciones comportamentales.
- Una persona alcohólica puede decir que no quiere beber, pero sentir que necesita hacerlo para relajarse, relacionarse, dormir o dejar de pensar.
- Quien consume cocaína puede no querer volver a enfrentarse a las consecuencias, pero creer que necesita consumir para sentirse seguro, activo o capaz de afrontar una noche, una reunión o una dificultad.
- Una persona que fuma cannabis puede estar cansada de su apatía o de los conflictos familiares, pero sentir que no puede descansar, comer o desconectar sin fumar.
- En la dependencia de determinados fármacos, la persona puede haber empezado buscando alivio para la ansiedad o el insomnio y terminar sintiendo que no puede funcionar sin ellos.
- En la ludopatía o adicción al juego, alguien puede no querer seguir apostando y saber que está perdiendo dinero, pero sentir la necesidad de volver para recuperar lo perdido, aliviar la angustia o experimentar nuevamente la excitación del juego.
- Algo similar puede suceder con el sexo, la pornografía, las compras, los videojuegos o el uso compulsivo de pantallas. La conducta deja de ser una elección libre y se convierte en la respuesta habitual frente al aburrimiento, la soledad, el estrés, la inseguridad o el malestar emocional.
Aunque las sustancias y las conductas sean diferentes, la pregunta de fondo suele ser parecida: «¿Qué hago con lo que siento cuando ya no puedo utilizar aquello que empleaba para escapar?».
¿Las ganas de consumir significan que la persona no quiere recuperarse?
No necesariamente. Sentir ganas de consumir no significa que el tratamiento esté fracasando ni que la persona haya decidido abandonar su recuperación. Tampoco significa que desee regresar a la vida que tenía antes. Las ganas pueden aparecer por diferentes motivos:
- Encontrarse con determinadas personas.
- Volver a un lugar asociado al consumo.
- Escuchar una canción o recordar una etapa.
- Tener dinero disponible.
- Sufrir una discusión.
- Sentirse solo, frustrado o rechazado.
- Experimentar estrés o ansiedad.
- Pensar que ya se tiene el problema controlado.
- Recordar únicamente la parte aparentemente positiva del consumo.
En ocasiones, el impulso aparece sin que la persona consiga identificar inmediatamente qué lo ha provocado. Lo importante no es negar que existe, sino aprender a reconocerlo y actuar antes de que termine convirtiéndose en consumo.
Los tratamientos para los trastornos relacionados con el consumo trabajan precisamente sobre estas ganas, los motivos que las activan y las estrategias necesarias para afrontar el estrés y prevenir recaídas.
¿Qué puede hacer una persona cuando siente que necesita consumir?
Cuando aparece un impulso intenso, es frecuente que la mente empiece a justificarlo:
«Solo será una vez». «Ahora ya puedo controlarlo». «Nadie se va a enterar». «Después volveré al tratamiento». «Me lo merezco por todo lo que estoy pasando».
En ese momento, discutir mentalmente con cada justificación puede hacer que la persona termine cediendo. Por eso, durante la recuperación se trabaja para contar con un plan previo. Algunas respuestas pueden ser:
- Reconocer lo que está ocurriendo: Decir «estoy sintiendo ganas de consumir» permite identificar el impulso antes de actuar. Ocultarlo por miedo, culpa o vergüenza aumenta el aislamiento.
- Avisar a alguien del equipo o de la red de apoyo: Hablar con un terapeuta, un compañero del tratamiento o una persona preparada para ayudar puede romper el proceso automático que conduce al consumo.
- Alejarse de la situación: Salir de un lugar, bloquear un contacto, evitar llevar dinero o modificar un recorrido es una forma de proteger la recuperación.
- Recordar el proceso completo: La mente puede centrarse en el alivio inmediato y olvidar lo que sucede después. Recordar las consecuencias ayuda a no idealizar el consumo.
- Utilizar una alternativa aprendida: La clave es construir un repertorio personalizado y practicarlo antes de encontrarse en una situación de riesgo.
Buscar apoyo profesional significa que el adicto reconoce que el problema necesita algo más que una promesa. Esvidas también dispone de recursos específicos para quienes se preguntan cómo dejar de consumir cuando sienten que no pueden hacerlo solos.
“Dice que quiere dejarlo, pero vuelve a consumir”: cómo puede entenderlo la familia
Para una familia, escuchar una nueva promesa después de varias recaídas puede generar enfado, agotamiento y desconfianza.
Es comprensible preguntarse si la persona está manipulando, mintiendo o intentando evitar las consecuencias. En una adicción pueden existir mentiras y conductas dañinas. Comprender la enfermedad no obliga a la familia a aceptar cualquier comportamiento ni a eliminar los límites.
Sin embargo, la recaída tampoco demuestra automáticamente que nunca existiera un deseo real de cambiar.
La persona puede querer recuperarse, pero no disponer todavía de las herramientas, la estabilidad o el apoyo necesarios para sostener esa decisión. El problema aparece cuando toda la recuperación se basa en frases como «esta vez te prometo que lo dejaré».
En lugar de centrarse únicamente en la promesa, conviene observar las acciones:
- ¿Ha pedido ayuda profesional?
- ¿Acepta participar en un tratamiento?
- ¿Reconoce las consecuencias?
- ¿Sigue las pautas acordadas?
- ¿Se distancia de las personas y lugares relacionados con el consumo?
- ¿Permite que la familia reciba orientación?
- ¿Mantiene el proceso cuando disminuye la crisis inicial?
La familia puede acompañar, pero no puede recuperarse en lugar de la persona. También necesita aprender a comunicarse sin convertir cada conversación en un interrogatorio, establecer límites y distinguir entre ayudar y proteger las consecuencias del consumo. Una comunicación abierta suele ser más útil que preguntar constantemente si ha vuelto a consumir.
Preguntas frecuentes sobre las ganas de consumir en el adicto
¿Por qué quiero dejar las drogas, pero no puedo?
Porque tomar la decisión de dejarlo no elimina automáticamente los hábitos, los desencadenantes ni las funciones que cumplía el consumo. Puedes querer recuperar tu vida y, al mismo tiempo, no saber todavía cómo afrontar determinadas emociones o situaciones sin consumir.
¿Necesitar consumir drogas significa tener una adicción?
Sentir un deseo puntual no permite determinar por sí solo que existe una adicción. Sin embargo, la pérdida de control, la sensación de no poder parar y la continuidad del consumo a pesar de sus consecuencias son señales que deberían valorarse profesionalmente.
¿Cuánto duran las ganas de consumir?
No existe una duración idéntica para todas las personas. Su intensidad puede variar dependiendo de la adicción, el momento del tratamiento, los desencadenantes y las herramientas disponibles. Aprender a reconocerlas y pedir apoyo permite evitar que el impulso decida la conducta.
¿Por qué mi familiar vuelve a consumir si prometió dejarlo?
Puede haber deseado sinceramente dejarlo, pero una promesa no sustituye un proceso terapéutico. La recaída puede indicar que todavía existen situaciones, emociones o patrones que no sabe gestionar de otra manera.
¿Qué diferencia existe entre deseo de consumo y síndrome de abstinencia?
El deseo de consumo es el impulso o las ganas intensas de volver a consumir.
El síndrome de abstinencia engloba los cambios físicos y psicológicos que pueden aparecer al interrumpir el consumo de una sustancia. Pueden coincidir, pero no son exactamente lo mismo.
¿Se puede conseguir que desaparezca la necesidad de consumir?
El tratamiento busca que el consumo deje de ser la respuesta automática y que la persona desarrolle alternativas. Con trabajo terapéutico, apoyo y práctica, puede recuperar progresivamente su capacidad de afrontar situaciones y tomar decisiones sin recurrir al consumo.
Para Antonio Peña, el cambio comienza cuando la persona descubre que una situación que antes terminaba en consumo también puede resolverse de otra manera.
Al principio, una persona puede no consumir porque se encuentra contenida, acompañada o protegida de determinadas situaciones. Más adelante, el objetivo es diferente: que tenga suficientes herramientas para afrontar la vida sin recurrir automáticamente al consumo.
Eso no significa que nunca vuelva a atravesar un momento difícil ni que desaparezcan todos los pensamientos relacionados con la adicción. Significa que, cuando aparezcan, ya no existirán únicamente dos posibilidades: consumir o soportar el malestar sin saber qué hacer.
Existirán otras respuestas.






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